Si de actitudes se trata

Cartas a Gracia


Gracia, a pesar de la reciente misiva te escribo para continuar con mis apreciaciones que siempre se nutren con tus agudos comentarios. Me agrada saber, porque tu me lo comentas, que en la carrera que corriste recientemente fuiste acompañada por varias personas que colaboran en el mismo centro de trabajo en el que tu lo haces. Coordinadoras, maestros y maestras, alumnos, me dices, se han visto contagiados por tu entusiasmo, que tal pareciera y guardando las distancias, fuera secundado por un programa que la Secretaría de Educación Pública instrumentado recientemente para activar a niñas y niños y de paso combatir la obesidad que padece uno de cada cuatro menores. No es que la nostalgia me abrume, Gracia, y que crea que todo en el pasado fue mejor, sin embargo, es necesario recordar que ya hace varios lustros desaparecieron de la faz citadina, una infinidad de canchas en las que niños y jóvenes, jóvenes y niños, podíamos practicar el futbol. Recuerdo la travesía que hacíamos para llegar a las canchas del Libanés, ubicadas en una pequeña serranía en la que hoy día se ubica Plaza Dorada, o las lejanas canchas ubicadas en Mayorazgo a las que asistíamos luego de que cerraran las primeras. Las visitas a Libres y Oriental eran obligadas por las reglas del torneo lo mismo que a las canchas de la colonia la Libertad en la que frecuentemente alguno de los partidos de las diferentes categorías terminaban a golpes, generando una batalla campal con los aguerridos lugareños. Mi equipo, Gracia, no cantaba mal las rancheras ni por la escuela que le diera origen la Trinidad Sánchez Santos, ni por los barrios de los que éramos originarios: San Antonio, El Refugio, Santa María y otros aledaños. Por cierto que recién me enteré de la muerte de José Luis Mendieta, con quien compartiera la camiseta verde, propia de la selección del Instituto Normal del Estado en los juegos internormales y a quienes por asistir a esa institución nos conocían con el sobrenombre de nahuales.


Pero mi pregunta sigue en pie, Gracia, “Si el gobierno quiere... ¿Los maestros responden”? como afirma Elba Esther Gordillo Morales, presidente vitalicia del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), asunto que entonces, Gracia, y por cuestión de método, desagregaríamos para repreguntarnos ¿como interpretaría Elba Esther y el SNTE ese deseo?, ¿como les debería mostrar, a esos dos actores, el gobierno esa voluntad política requerida?, ¿cómo responderían trabajadoras y trabajadores de la educación y bajo que indicadores se tasaría esa disposición? Las respuestas a los primeros asuntos estarían vinculadas seguramente a la publicación Plan Estatal de Desarrollo 2011–2016 y al Programa Sectorial del ramo, responsabilidad de la administración en turno, lo mismo que a la inversión pública que, etiquetada, podría interpretarse a la luz de la declaratoria de la profesora, realice el gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas. Este asunto depende, Gracia, de diversas variables a considerar, entre ellas; la disponibilidad de que tendría la administración local para invertir, que no gastar, Gracia, recursos locales crecientes destinados al sector educativo, recordando de pasada que el gasto total en el sector depende, en 70 por ciento de la administración federal y en 30 de la local, a la capacidad de gestión para que Moreno Valle logre recursos adicionales extraordinarios, asunto que, a su vez, depende de las relaciones con el poder central y que por el momento, ha trascendido, son extraordinarias, pero que para 2012 podrían variar en función de una adecuada o inadecuada política de alianzas que despliegue el mandatario estatal.


La respuesta de las y los trabajadores de la educación tendría que medirse sin duda alguna, a partir de la mejora sustancial, Gracia, de los indicadores que en materia educativa y de desarrollo humano producto del quehacer educativo de quienes asumieron por decisión propia esa labor, por un lado y por otro, de la mejora de las actitudes desplegadas por maestras y maestros en los centros de trabajo.


Por que Elba Esther y Rafael Moreno Valle quieren, anuncian una partida presupuestal adicional superior a los seiscientos millones de pesos, firman un convenio y reconocen mutuamente méritos y destinos comunes y eso seguramente, Gracia, bastaría para que maestras y maestros respondieran, cambiaran las conductas y actitudes de quienes en los centros de trabajo tienen la responsabilidad para formar a niñas, niños, jóvenes y adultos. Quisiera creer y te lo comparto, que seguramente esos miles de trabajadoras y trabajadores de la educación que sólo cubren jornadas de tres días a la semana, que llegan a sus comunidades los martes, se quedan los miércoles y se regresan los jueves, a partir de la declaratoria asistirán ya los cinco días de trabajo pactado mediante contrato con las autoridades educativas; lo mismo que por arte de magia, los directivos involucrados en el manejo irregular de las aportaciones voluntarias de madres y padres de familia las manejaran ya con una pulcritud exagerada o cesaran las rebeliones de los jefes de sector en contra de los nombramientos realizados por las autoridades a favor de dos supervisoras a propuesta del sindicato; directoras y directores no condicionaran propuestas de incremento de horas a cambio de que trabajadoras y trabajadores adscritos a sus escuelas, realicen “trabajo voluntario”, les entreguen obsequios, compren uniformes, paguen de su escasa remuneración, se afilien a un sindicato, retengan cheques, como sucediera recientemente con la exdirectora de la secundaria Elena Garro; maestras y maestros, organizadoras(es) de concursos, quienes lo hacen, ya no tomarán indebidamente pertenencias de sus compañeras y compañeras y no los regresan a pesar de cometer el ilícito frente a niños y niñas de otras escuelas como sucediera recientemente en Tlalancaleca, o mejor aún, quienes desempeñan en lo sucesivo cargos de mandos medios e intermedios y superiores de estructura, se someterán a concursos de oposición, respetarán a sus compañeras y compañeros, no los acusaran ni los trataran como imbéciles, ni se ensañaran con ellas y ellos como sucediese con las anteriores responsables de las áreas de educación inicial y preescolar y las secciones sindicales dejaran de imponer como directores de escuela a trabajadores reprobados en los exámenes nacionales (preescolar del Instituto Normal del Estado) o corridos de otras normales (Educación Física del BINE) todo esto sin expresarte Gracia, nada de la infinidad de ilícitos cometidos por servidores públicos adscritos a la SEP, denunciados por particulares ante los órganos jurisdiccionales o ante la Comisión Estatal de derechos Humanos. En fin Gracia, que como cantara Amparo Ochoa (poema de José Agustín Goytisolo), la propuesta de Elba Esther nos permite soñar con un mundo al revés.

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