Mexicanos primero AC señala que en la construcción, a partir de rubros definidos por organizaciones internacionales entre las que destacan al de la Organización de la Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (Unesco), del Índice de Desarrollo Incluyente (IDeI) al que definen como “un sistema de evaluación del desempeño”, consideran dos rubros relativos el primero, a los “resultados de los alumnos” y el segundo, al de los “procesos de gestión entre los que incluyen a la profesionalización de los docentes, la supervisión y acompañamiento pedagógico, y la participación de los padres de familia y la comunidad, a los que otorgan, en la formulación de este índice, una cualificación porcentual de 70 y 30 por ciento, respectivamente. Mexicanos Primero considera que la profesionalización de los docentes (PD), la supervisión y acompañamiento pedagógico, y la participación de los padres de familia y la comunidad son “Indispensables para alcanzar una educación incluyente:”.
Con relación a los procesos de gestión señalan que “Los maestros y profesores deben contar con los conocimientos, capacidades y habilidades necesarios para conducir los procesos de enseñanzaaprendizaje. La autoridad educativa debe asegurar la calidad de las capacidades de los docentes, sostenida en el tiempo.”, en tanto que, de manera incluyente, opinan que “La autoridad debe asegurar que las escuelas no sólo cumplan las normas, planes y programas, sino que dispongan de las mejores condiciones para el aprendizaje de los alumnos.” (Supervisión escolar y acompañamiento pedagógico), señalándolas como corresponsables –papel que también involucran a los padres de familia y a la comunidad–”directas” de la educación de los niños en un proceso de acompañamiento de los docentes a quienes deben dotar “con personal y herramientas para fortalecer sus competencias pedagógicas”. Destacan que la participación de los progenitores debe ser “una participación efectiva, en términos educativos”, criticando seguramente, el papel de proveedores financieros sustitutos y vigilantes del que hacer ordinario de las trabajadoras y trabajadores de la educación que las autoridades educativas federales, les asignan en algo que torpemente definen como participación social.
Con una escala que incluye cinco rubros muy alto, alto, esperado, bajo y muy bajo, y de acuerdo a la conceptualización de Mexicanos Primero para la construcción del índice de desarrollo incluyente, el comportamiento de Docencia Primaria se califica en Brechas, la Situación de la Educación en México 2010, de la siguiente manera; siete entidades encabezada por Quintana Roo, se ubican en el nivel Muy Alto, dos, Yucatán y Colima en el nivel Alto, 11 encabezadas por el estado de México se ubican en el nivel esperado; ocho, entre las que de encuentran los docentes de Puebla, entidad que ocupa la posición 27 con un nivel bajo, y cuatro con Oaxaca en el último puesto (32) con una calificación de muy baja. En el rubro Docencia Secundaria con una calificación de Muy Alto y encabezados por Zacatecas se ubican cinco entidades; dos, Durango y Guanajuato obtienen una calificación de alto, 15, entre los que se encuentra Puebla en el lugar 11, obtienen resultados esperados, seis son evaluados obteniendo calificación baja, entre ellos el Distrito Federal administrado por las autoridades educativas federales en el lugar 28 y cuatro obtienen una calificación de Muy Baja con Quintana Roo en la posición 32.
Acompañando a los docentes, Mexicanos Primero no utiliza un lenguaje de equidad de género, en el rubro Supervisión Primaria, 16 entidades, con Aguascalientes en el número uno, obtienen la calificación de alta; siete la calificación esperada con el DF en la posición 22; tres con Puebla en el lugar 24, obtienen una calificación de baja y seis de muy baja, ocupando Veracruz la posición 32. En cuanto al rubro en secundaria y repitiendo el fenómeno de primaria, 14 entidades encabezadas por Aguascalientes obtienen una nota de alta, 10 calificación esperada, entre ellos Puebla con el lugar 19, dos entre ellos la capital de la República, lugar 26, obtienen la calificación de baja y seis, de muy baja, entre ellos Durango con el lugar 32.
Objeto y sujeto del proceso educativo, trabajadoras y trabajadores de la educación exigen, casi por decreto, la revalorización de trabajo que realizan los docentes (Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, Alianza por la Calidad de la Educación). Tiempos ha, en la que maestras y maestros fuesen personajes centrales de la comunidad, respetados, referentes para la toma de decisiones colectivas y personales, consultados lo mismo por las autoridades municipales –cuando la gran mayoría de ellas casi no sabían leer y escribir–, lo mismo que por la gente común, formaban con el cura y el médico una triada que se encontraba en la cima de la pirámide social de un México rural que luchaba por alcanzar la modernidad y eran, de manera natural, respetados. Maestras y maestros se comportaban como profesionales de la educación y anteponían el interés superior de la nación al suyo propio, factor decisorio en la transformación nacional se esforzaron por lograr la alfabetización y las primeras letras para sacar de la ignorancia y la ignominia a 85 por ciento de mexicanas y mexicanos marginados(as) de las aulas por una política educativa clerical, defendiendo incluso con su vida, la instrucción del pueblo al tiempo que con las armas hacían lo propio para mantener las conquistas sociales impulsadas por Tata Cárdenas. Eran la épocas en las que profesar el magisterio requería de mística y vocación.
Los tiempos cambian y de profesionales de la educación, las y los docentes pasan a considerarse trabajadoras y trabajadores de la educación, obreros y con ello desarrollan conductas y actitudes mediante las que priorizan la defensa de sus intereses personales y de grupo por encima de los que representan niñas y niños. Las escuelas normales se transforman en instituciones de educación superior y de escuelas normales, formadoras de docentes, conservan el nombre, y sus trabajadoras y trabajadores, la autonomía real que les otorga el saberse miembros de un sindicato poderoso –el sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación– y el ser propietarios de una plaza que les garantiza desde el ingreso al servicio y de por vida, condiciones dignas y decorosas sin importar el que les paguen sólo por asistir a un plantel y no por cumplir con la misión que fuese encomendada por la sociedad. Como en todo, existen no pocas excepciones a la regla y como siempre, en el centro de la polémica.
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