Prestigio en juego

Que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) tiene derecho a participar en la política nadie lo duda, que no es ni el centro de la discusión ni un ente que pueda sustituir a los órganos ciudadanos usurpando sus funciones tampoco, que no es un paladín de democracia queda de manifiesto por las posturas demagógicas que adopta y por su afán protagónico, que durante estas elecciones locales el SNTE y Elba Esther Gordillo Morales, la presidente vitalicia del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de esa organización, se juegan algo más que las gubernaturas y diferentes posiciones políticas, es algo tan nítido y transparente que si Miguel Ángel Yunes Linares y Rafael Moreno Valle Huitrón no logran su propósito debilitaran en gran medida la fuerza y la capacidad de negociación de la “maestra” y de la organización que preside con vista al proceso federal de 2012. Nada más ni nada menos que prestigio como gran elector en juego.

Pero aun cuando ni el artículo 10, Título II (de la Duración, objeto y fines del Sindicato) de los Estatutos del SNTE, incluye el quehacer político como parte del objeto social o de los fines que persigue la organización gremial, y que tampoco se menciona entre las prerrogativas de los miembros del SNTE hacer política (artículo 13), por otra parte garantía constitucional establecida para cualquier ciudadano mexicano, el artículo XIII sí señala, fracción I, que entre las obligaciones de los miembros de la organización esta la de “cumplir lo establecido en los documentos básicos, así como los acuerdos y resoluciones de los órganos de gobierno sindical;” lo mismo que fracción VI, “desempeñar los cargos de elección popular, con lealtad al sindicato y a los trabajadores de la educación”; pero, obvio anotarlo, que la fracción IX del el artículo 48 de los Estatutos incluye al Comité de Acción Política (CNAP) entre los Órganos Nacionales de Gobierno del Sindicato, capítulo I, Título Cuarto de los Estatutos y con ello la obligación de adoptar la línea política que defina el CEN del SNTE se convierte en una exigencia que cumplir para los agremiados a esta organización.

Formalmente, porque en los hechos quien define el quehacer, la línea política que dictar y las alianzas que sustenta la organización es la propia presidente vitalicia del CEN del SNTE, el artículo 119 establece que el CNAP perseguiría, que al hacer política “en defensa de los intereses de los trabajadores de la educación”, Per se o interpósita persona prevaleciera en todo momento la unidad del sindicato, se fortaleciera “la representación política de los trabajadores de la educación en la vida nacional; lo mismo que la libre afiliación política de los trabajadores de la educación; sin embargo, son facultades de este órgano nacional, entre otras, artículo 121, la de “Fomentar el fortalecimiento de una cultura política y cívica que aliente la participación de la ciudadanía en la consolidación del régimen democrático y el Estado de Derecho”; determinar el apoyo que recibirá cualquier miembro del SNTE postulado a algún puesto de elección popular. “Realizar las actividades de observación electoral y coordinar aquellas en que se juzgue necesaria la participación de los miembros del sindicato”; “definir y suscribir los compromisos que tendrá el candidato postulado y electo, en la defensa de los intereses de los trabajadores y de los principios del sindicato;”.

Pragmatismo de por medio, los fines que persigue el CNAP reflejan con toda claridad el pensamiento político, la palabra y la obra de Elba Esther Gordillo. Los estatutos del SNTE permitirían explicar los vaivenes políticos, de quien la presidente vitalicia de CEN del SNTE ha transitado a lo largo de su carrera pública en grupos tan disímiles como el PRI, el Grupo San Ángel –integrados por personalidades de varios tonos y colores–, y ha sido aliada al margen de ideologías de Vicente Fox Quesada en el proceso electoral del año 2000, detentadora del poder a toda costa cuando pasó por la Cámara de Diputados como miembro de la fracción parlamentaria del Partido Revolucionario Institucional (PRI), confrontada con Roberto Madrazo Pintado y tras ser primero en un factor de debilitamiento del entonces candidato del PRI a la presidencia de la República y se ufanara en ser un elemento decisivo para que Felipe Calderón Hinojosa se convirtiera en el segundo presidente de la nación emanado del Partido Acción Nacional (PAN).

De la misma forma se explica la creación de un partido político, el Partido Nueva Alianza (Panal), que sólo le permite, dado que las trabajadoras y los trabajadores de la educación no votan ellos a pesar de la obligación estatutaria para hacerlo, integrar alianzas con quienes primero son amigos y luego enemigos, en las que en un mismo proceso electoral, el actual, lo mismo apoya plataformas conformadas por el PAN que por su antagonista electoral, el PRI.

Pero en el esotérico mundo electoral mexicano eso poco importa, y tanto Elba como el SNTE podrían continuar ostentándose como los factores de triunfo si no fuera porque a estas alturas del partido político han empeñado y comprometido sus esfuerzos para lograr una victoria electoral en pos dos de sus delfines, Yunes y Moreno Valle, cuestionados por los militantes del PAN desplazados en la contienda. Un triunfo pondría a Elba Esther Gordillo y al SNTE en los cuernos de la luna, una derrota pondría en riego futuras alianzas con Peña Nieto y evidenciaría que mucho del prestigio electoral del que presume la maestra es sólo eso, presunción política.

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