“¡TODA UNA VIDA DE LUCHA!”

Verable, noble, lúcida, entregada su gobierno, comprometida con los niños que educó, apasionada con la vida, lectora crítica a sus 96 años de edad, Socorro Rivera Rodríguez laboró 41 años de sus vida como profesora frente a grupo, cuatro de ellos como maestra municipal y 37 al servicio de la federación y aún añora hoy, su participación en el apoyo a la expropiación petrolera, según comenta María de la Lourdes Pichardo, maestra de grupo de la escuela primaria vespertina Alfonso Fernando Franco, ubicada en la 23 y 74 Poniente de la colonia La Loma de la ciudad de Puebla, parte del equipo comisionado a la elaboración de un periódico mural que participó en una “Exposición de periódicos murales” conmemorativa del Día Internacional de la Mujer, convocada el 8 de febrero pasado por el Programa Escuela Segura de la Subsecretaría de Educación Básica de la Secretaría de Educación Pública del Estado de Puebla (SEPE), bajo el tema “La mujer 1810, 1910, 2010.”.

Venerable y noble a sus 95 años de edad, señalaba a quienes el 8 de octubre de 2009 acudieran en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Puebla con la finalidad de ser partícipes del reconocimiento a su trayectoria como educadora, merecimiento que le fuese otorgado por la comunidad universitaria de ese colegio, en el marco del Primer Coloquio sobre Filosofía Y Educación: “Yo los exhorto a continuar la lucha por el bien de México”, Lúcida a su edad, la hija de un militante liberal, recuerda sus 96 primaveras la fuerte impresión que le causara la asistencia a un mitin magisterial, convocado por Lázaro Cárdenas del Rio, en el que atestiguara la presencia combativa de dos maestras desorejadas por fanáticos cristeros, de la misma manera, que apasionada con la vida, relata a nuestra interlocutora, la devoción popular con la que contribuyeron, niñas y niños, madres y padres de familia, a pagar centavo a centavo, una deuda contraída por la Nación, para recuperar mediante decreto expropiatorio emitido por Tata Lázaro, recursos naturales propiedad de todos los mexicanos.
Época en la que los maestros eran verdaderos apóstoles de la educación, apreciados por la comunidad a la que lo mismo educaban, que informaban, que organizaban y de la que recibían una cooperación destinada al pago de la deuda externa.

Testigo del surgimiento de la escuela rural mexicana y de la influencia generada por José Vasconcelos, Soco formó parte de las misiones culturales a las que se integraron centenares de verdaderos héroes de la educación, incluido mi abuelo materno Eduardo Nieto Gutiérrez, y quienes comprometidos con un México libertario, recorrían pueblos, barrios, rancherías, enseñando a niñas, niños, adolescentes y adultos, artes y oficios al mismo tiempo que a leer y a escribir.

Imberbe, egresada de una escuela rural a la edad de 16 años, Socorro, nacida el 21 de abril de 1914 en Chazumba, Oaxaca, recuerda como en compañía de sus alumnos –y seguramente con la de algunas alumnas–, trabajaba “con amor” parcelas y huertos escolares, fundaba de pueblo en pueblo algunas escuelas, que no fueron pocas, y, anécdotas, como la que le ocurriera en San Esteban Nexcocalco, lugar en el que, recuerda con picardía y tal vez ligero remordimiento consigo misma, juntara para alfabetizar a militares y lugareños quienes se encontraban en pugna.
Testigo de la época de oro de la escuela rural mexicana, Socorro Rivera Rodríguez, vivió etapas ahora ignoradas en las que la sociedad mexicana. en el campo y la ciudad reconocía el papel del maestro, mayoritariamente maestras, y en las que incluso con las armas en la mano, sufriendo persecuciones y arriesgando su vida por el solo delito de educar, y sin requerir ninguna revaloración requerida por Elba Esther Gordillo Morales, presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), eran baluarte del desarrollo y de la paz nacional.

Sin duda, hoy como ayer, y aun cuando se trate de condiciones diferentes, nuestra sociedad requiere de maestras y maestros, profesionales de la educación que continúen con la “misión” que la sociedad les ha conferido. Una, dos, tres, más cientos de Socorro que valoren, más allá de su salario, el compromiso contraído de manera personal con una labor que eligieron de manera propia.

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