Las declaraciones de Rodolfo Tuirán Gutiérrez, subsecretario de Educación Superior de la Secretaría de Educación Pública (SEP), mediante las que reconoce "El rezago histórico de las normales" muestran una cruda realidad sintetizada en una frase que reconoce la indefensión en la que se encuentran las autoridades educativas para recomponer un sistema que debe transformarse de cabo a rabo: "Pensar que se van a transformar las escuelas normales, que vienen acumulando rezagos y problemas significativos desde hace muchos años en periodos de tiempo, desde mi punto de vista, es dejar de reconocer la complejidad del problema. (Reforma, Sonia del Valle, 6-09-09).
Con un crecimiento espectacular "Hay 273 escuelas normales públicas en el país; éstas ofrecen, entre otros, programas de licenciatura en educación preescolar, primaria, primaria intercultural bilingüe, secundaria, especial, inicial, física y artística. La matrícula de estas escuelas está compuesta por más de 93 mil estudiantes, 136 339 en realidad, de acuerdo a datos disponibles -para el ciclo escolar 2006-2007- del Instituto Nacional de Geografía, Informática (INEGI) de los que 96 896 son mujeres (71.06 por ciento del total) y el resto 39 443 hombres. Para el ciclo escolar 2002-2003 existían en el territorio nacional 462 escuelas normales de las que el 61 por ciento correspondía al sistema público (284) y el resto, el 39 por ciento al privado (178), "De estas 462 escuelas, 56% ofrecen la licenciatura en educación primaria, 45% en preescolar, 33% en secundaria y 13% y 11% en educación física y educación especial, respectivamente. 462 escuelas. En cuanto a la distribución de la matrícula correspondían 65,884 a escuelas particulares y 102 365 a escuelas públicas para una matrícula total de 168 249 alumnas y alumnos (DATOS BÁSICOS SOBRE LA EDUCACIÓN NORMAL EN MÉXICO).
Sin un sistema de información actualizado de acceso público -ni el correspondiente a la SEP o al INEGI- que permita saber cuántos son, en donde están, cuánto gastan, cual es la formación del personal docente y concordancia con el perfil requerido para ocupar las plazas de trabajo, forma de ingreso, permanencia y promoción, carga y descarga de trabajo frente a grupo, como y cada cuando se evalúa al personal de servicio público que presta sus servicios en esas instituciones y al que podemos juzgar sólo por el rendimiento que obtienen sus alumnos, la información aislada vertida por Tuirán arroja dardos mortales , (dado que como señala Sonia del Valle "sólo 25 por ciento de los 123 mil aspirantes a ocupar una plaza docente, acreditaron sus conocimientos. Del total de aspirantes, 81 mil 776 son egresados de las escuelas normales, y sólo 18 mil 759 acreditaron el examen."): Falta de planeación, regulación, supervisión de escuelas particulares y evaluación (interna y externa), bajo nivel académico de los docentes, falta de transparencia en los mecanismos de ingreso permanencia y promoción de la planta docente, bajo rendimiento de las alumnas y de los alumnos a su cargo, baja profesionalización de la planta de trabajadoras y trabajadores de la educación asignados a los planteles.
Pero los males señalado por Tuirán de manera macro tienen correspondencia en cada uno de los planteles y son responsabilidad de gran parte de los y las trabajadoras de la educación cuya plaza se encuentra asignada en alguna de las escuelas públicas que intervienen en la formación de docentes, incluidas las instituciones que han "generado" formas de gobierno autogestivo. De la degradación del ambiente laboral han dado cuenta diversos medios de comunicación y a ella colaboran hechos y acciones como las que se mencionan a continuación: Priorización de actividades económicas, políticas y/o sindicales sobre las estrictamente académicas, contubernio entre personal directivo institucional y sindical para el reparto del botín (incidencias de personal y plazas de nueva creación, ingreso al centro de trabajo), otorgamiento de comisiones sindicales, dobles o triples contratos implican el cobro, en ocasiones, por más de 80 horas semana mes, boicot a las y los trabajadores de la educación que tienen un desempeño profesional adecuado situación que tiene como consecuencia un desenlace desfavorable para ellos –los corren de las escuelas o les impiden el acceso a las mismas-, descargas y sobrecargas de trabajo dependiendo de la cercanía con quienes detentan el poder en las escuelas normales y de que ellos decidan premiar o castigar a uno u otro elemento, incumplimiento generalizado de la jornada de trabajo, asignación de la carga académica –en porcentajes cercanos al 70 por ciento- a personal que carece de perfil adecuado para impartir las materias sin que exista la posibilidad de contratar a quienes si lo tuviesen por que se violentarían "derechos sindicales", suspensiones de actividades académicas y clases con cualquier pretexto, falta de interés por lograr una superación académica personal a menos de que ésta se vea reflejada en la nómina y/o se realice en horario de labores, a más de otras que por falta de espacio no se mencionan.
Sin duda las escuelas normales requieren una transformación profunda, aunque esta sea una labor a la que se oponen intereses personales escudados en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
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