Recuento de daños

Gracia, me percato de que estamos por rumbos diferentes. Leí tu carta en la que me comentas que pasarás las fiestas de fin de año con tu familia aprovechando la visita que tu hermano realiza por estos lares. Sé que estás en ese lugar denominado “Valle del Viento”, lo mismo que Tierra de Humo o Llano del Conejo y que formó parte de un territorio indómito nunca conquistado por los españoles. Por Toño y nuestro amigo “El Oaxaco”, oriundo igual que tú de ese lugar y compañeros de los dos de Ernesto, sobrevivientes exitosos los tres de la generación universitaria que participara en los movimientos estudiantiles de los años 60 en la ciudad de Puebla, supe que en esa tierra existen pinturas antiquísimas rupestres que se encuentran en cuevas de las escarpadas montañas que rodean ese valle, inaccesibles para quienes no practican deportes extremos por lo abrupto de la serranía y por la situación política que viven los pueblos triquis, y que aunque el paisaje de la zona sea árido, tiene una particular belleza. Recuerdo por el momento, al escribir esta carta, al emérito doctor José de Jesús López Monroy, de quien mucho aprendimos cuando compartimos en las aulas su sapiencia y quien es descendiente de quien escribiera la Canción Mixteca. Por cierto, el doctor Monroy es ya el decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México y a su edad, Puma de puro corazón, y en su honor reproduzco dos líneas de ese himno que despierta nostalgias de quienes se encuentran fuera de casa “Qué lejos estoy del suelo en el que he nacido. Inmensa nostalgia invade mi pensamiento”, versos que compartiéramos con él en su casa de Coyoacán y que lo remontan, cada vez que la escucha, a Huajuapan de León, ese lugar que le viera nacer.

Pero una vez que ya te he saludado y que la “nostalgia invade mi pensamiento” quiero hacer contigo una remembranza, un recuento de daños de lo que el que hacer del sector educativo nos deja el año que concluye. Destaca sin duda la irreparable pérdida, aunque las palabras pudiesen parecer triviales, de Rafael Guzmán Macip, quien hasta el domingo 19 de diciembre se desempeñara como supervisor de educación superior en la zona 004. Noble, como siempre lo fue, propugnaba a pesar de su disminuida salud que le acompañó en los últimos tres años de vida, por la dignificación del trabajo que él y sus compañeros realizan, pretendía, iluso y romántico como lo era, que sus pares, porque hay varios que lo hacen y otros que no, medraran con la misión que les encomienda la Secretaría de Educación Pública (SEP) mediante la exigencia de “aportaciones voluntarias”, aportaciones voluntarias de carácter forzoso, hechas a las instituciones de educación superior (IES) por trabajadoras y trabajadores de la educación comisionados a esa función (otra vez los comisionados) Gracia, justificadas por múltiples pretextos, entre los que podemos enumerar: Que si la SEP no otorga presupuesto para el funcionamiento de las oficinas ni para el pago de los gastos de operación (gasto corriente), que por participar en actos deportivos y culturales, que por laborar fuera del horario estipulado, que por firma autorizada de los papeles oficiales etcétera, etcétera, proponiendo como buen doctor que diagnostica la enfermedad, el remedio, cuya receta podría surtirse de los recursos que por concepto de incorporación pagan las IES de referencia y que etiquetados en parte para tal efecto serían sujetos de transparencia y rendición de cuentas y tornarían la actividad que ejercen en digna y decorosa.

Rafa, aquel personaje que estimulara el desempeño de la actividad que realizas mediante la entrega de un reconocimiento a tu trabajo Gracia, aquel personaje que conocí cuando me incorporara a la administración de nuestro amigo Juan Antonio Badillo Torre, secretario de Educación Pública de la administración de Manuel Bartlett Díaz, en la que desempeñara el cargo de secretario particular, aquel que de manera elocuente propugnara “la mejora constante” del trabajo de quien voluntariamente optara por el servicio educativo incluidas(os) trabajadoras y trabajadores de la educación, profesionales de la educación corregía a menudo, e instituciones de educación de cualquier tipo de financiamiento, aquel que fundara, con otros educadores incluido Toño Badillo, la academia de policía del ayuntamiento poblano, aquel que escuchaba pacientemente a quien le exponía algún problema, aquel que se convertía en gestor así no se lo pidiesen los que necesitaran de algún servicio o recurso, Rafa Guzmán ese amigo extraordinario, que Víctor recuerda, Gracia, como el señor del bastón, es sin duda parte del recuento de daños que nos deja 2010.

Entre los daños recientes que también debemos lamentar Gracia se encuentra la muerte de 28 personas que falleciesen a consecuencia del siniestro del domingo anterior, el pesar de sus deudos y el sufrimiento de los lesionados. Los mortales debemos lamentar Gracia, la falta de respeto que a la inteligencia causan las declaraciones del director de Pemex, quien achaca el percance a la ordeña de ductos, no contempla la falta de mantenimiento de ductos o alguna otra causa, a más de la afectación de 11 escuelas reportadas por la SEP.

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