HACIA UN NUEVO PACTO

Maestros.
Una explicación ideologizada de lo que sucede en torno a los conflictos generados por un importante número de trabajadores de la educación que rechazan la Alianza por la Calidad de la Educación podría generar una visión simplificada de la situación. De manera aparente, por un lado, los profesores agrupados en torno a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) estarían luchando por la defensa de sus conquistas sindicales, por lograr la democratización de su gremio, por echar del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) a Elba Esther –primera- Gordillo Morales, presidenta del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), por generar proyectos educativos alternativos locales y por el otro la sociedad estaría manifestando, medios de por medio, su hartazgo por la conducta de un gremio, tachada lo menos como comodina, al que consideran se le paga demasiado por los resultados que obtienen con su trabajo.
Visto de esta manera, tal parece que no habría solución alguna que deje a todos los actores de este proceso satisfechos. De algún modo, una solución parcial del conflicto sólo incrementaría los agravios: si los gobiernos locales ceden a alguna de las demandas planteadas por los grupos de la identificados con la CNTE, ganarían la enemistad de la dueña y señora del gremio más numeroso y posiblemente importante del país, Elba Esther primera y si toman partido como ya lo han hecho, por Elba Esther y sus muchachos, alentarían los resabios de quienes antaño amigos o críticos de la profesora ven el ella la culpa de todos los males que aquejan a la educación que reciben niñas, niños y jóvenes de nuestro país pero en ambos casos triunfe uno o gane el otro es la sociedad mexicana la que finalmente paga los platos rotos.
En todo caso existen situaciones que no es posible rebatir sólo con palabras como el que en hechos es fácilmente verificable que la educación que reciben los menores no cumple con la calidad que requieren para su desarrollo posterior y que se ejemplifica con la marginación que sufren cuando quieren ingresar a una universidad pública y no son aceptados por no aprobar el examen de admisión y por los resultados que alumnas y alumnos obtienen en las evaluaciones nacionales e internacionales a los que son sometidos, que los profesores son el único gremio de la Nación que recibe una paga anualizada equivalente a los 560 días de salario y que escasamente labore de manera efectiva cuando mucho 160 días al año (560/160) a pesar de existir un calendario oficial que mandata 200 días de trabajo efectivo frente a grupo y estar sujetos en períodos vacacionales, a los que establece la ley federal del trabajo, que la fuerza de las autoridades locales es tan débil ante las presiones de un sindicato nacional que a pesar de los instrumentos legales a su alcance como los descuentos por faltas colectivas y la recisión de la relación laboral con quienes tienen más de tres faltas consecutivas como sucede en las manifestaciones políticas, por excepción hacen uso de ellos, que aunque jurídicamente improcedente, las autoridades federales emanadas de los partidos acción nacional y revolucionario institucional han privilegiado las alianzas políticas con los dirigentes del SNTE al ejercicio de las normas de libre afiliación y titularidad del contrato colectivo de trabajo establecidas en el artículo 123 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en la Ley Federal del Trabajo, que las autoridades federales avaladas por autoridades locales han firmado decretos en los que legalizan a las prestaciones derivadas de los usos y costumbre como reconocidas por ellos.
El resultado de todo lo anterior y lo que usted pueda acumular genera que nuestro País viva una catástrofe educativa permanente de la que no va a salir avante a menos de que genere una nueva situación en la que cada uno cumpla con las tareas que le son propias. La necesidad de propiciar un nuevo pacto social en materia educativa que involucre a todos los actores es imprescindible si queremos resarcir la profunda brecha que nos separa de los países más desarrollados y que parece alejarnos a pasos agigantados de resultados obtenidos por otras naciones en una situación económica similar a la nuestra. Un pacto social que genere una nueva política pública en materia educativa que deje satisfechos a todos los actores del proceso educativo incluyendo a niñas, niños, madres y padres de familia, que haga de la escuela en núcleo de transformación de la sociedad, que aunque sostenga los altos salarios que ya cobran los trabajadores de la educación los vincule a resultados, que aplique las normas laborales para que existiendo libertad de afiliación sindical, represente a los trabajadores quien sepa ganarse su confianza y el gobierno deje de lado el triste papel de cobrador de las cuotas sindicales que han de entregársele a Elba Esther y su pandilla, que evite que planes y programas sigan siendo patrimonio unipersonal del encargado del despacho educativo, que privilegie el federalismo educativo sobre actitudes cómplices de gremio (Elba Esther) y autoridades federales (Felipe Calderón) que centraliza procesos facultad de autoridades locales.
En fin debemos caminar hacia un pacto social en la educación en la que cada quien cumpla con su responsabilidad. Zapatero a tus Zapatos.

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