DE A MENTIS

Maestros

Impresionante que los "trabajadores" de la educación decidieran por voluntad de su ama y señora y "por amor a la Patria", retornar al camino del trabajo profundo y creador. De la misma manera, aunque los incrementos a las percepciones de quienes deberían comportarse como profesionales de la educación dicen lo contrario, resalta que a favor de la calidad de la educación se modifique la estructura del gasto educativo y que ahora si se invierta en "nuevas tecnologías", mantenimiento de los edificios escolares, compra de material didáctico, instalaciones, baños dignos y decorosos para niñas y niños, modificación de la organización escolar en los centros de trabajo, capacitación y actualización de los más de 1 millón quinientos mil trabajadores de la educación.
De la misma manera impresiona que Elba Esther Gordillo Morales, presidenta –vitalicia- del Comité Ejecutivo Nacional del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE) se convierta en una superheroina miembro de alguna liga en contra del mal que acabará con "los privilegios a la burocracia del sector educativo" y con las corruptelas de su propia organización. Impresiona que al menos en el pensamiento de los bien intencionados, de inmediato el mercado negro de plazas en el sector educativo con sede en las oficinas de las secciones tuviera una merma sus cotizaciones debido a que al renunciar la dueña de la organización a la prerrogativa laboral que le asigna una de cada dos plazas de nueva creación y ser sujetas todas en adelante para ser asignadas a concurso de oposición, genera una presión adicional para que exigir el cumplimiento de los compromisos económicos -a cambio de plazas- contraídos con anterioridad.
De la misma manera genera incredulidad que a partir del pacto firmado, los trabajadores de la educación acepten ser evaluados de manera externa y cesen por lo tanto los cuestionamientos de los docentes frente a grupo, a las pruebas Enlace y Pisa aplicadas a los alumnos de cuarto, quinto y sexto grados de primaria, tercero de secundaria y primero de bachillerato en el primer caso y a los jóvenes de 15 años –cada tres- a los del segundo, a cambio de la "la entrega permanente de estímulos económicos para premiar el desempeño docente", asunto que cuestiona la modificación a la estructura financiera de la Secretaría de Educación Pública (SEP) que destina entre 96 y 98 de cada peso de su presupuesto al pago de los salarios de los ¿trabajadores? de la educación.
Impresiona la capacidad política de la profesora de educación preescolar Elba Esther, otrora la primer enemiga de Josefina Vázquez Mota Secretaria de Educación Pública, quien torna de manera imprevista los agravios y descalificaciones por halagos y abrazos conferidos "por el bien de la Patria", que obligarán a quienes dirigentes sindicales locales, imitadores de su prócer, descalificaban a autoridades locales y federales con toda clase de epítetos entre ellos el de ser ignorantes de la educación. De ahora en adelante y gracias a la Alianza por la calidad de la educación, todos vuelven a ser una familia feliz.
Impresiona, aunque Josefina lo niegue, que como por arte de magia y a partir del inicio del ciclo escolar 2008-2009, Los Estados Unidos Mexicanos cuenten con "el sistema educativo, moderno, equitativo y eficiente que necesita el país" que requiere una mayor inversión, la que no podrá ser realizada por corresponder el presupuesto actual a un ejercicio legislativo anterior y 5 000 mil millones de pesos para invertirse en toda la Nación "no es nada" –equivalen a un poco más de lo que cooperan los padres de familia del Estado sólo por el concepto del pago de la energía eléctrica-, que corrija inequidades propiciadas por el ejercicio de políticas públicas en el ámbito educativo y por actitudes negativas de los docentes frente a grupo –ausencias justificadas e injustificadas, pérdida de tiempo en el curso de la jornada laboral, carencia de conocimientos elementales en la áreas de matemáticas, lectoescritura, ciencias sociales y naturales, derechos humanos-, y lo torne más eficiente en el desarrollo del cumplimiento de los nuevos paradigmas de la educación.
Impresiona el señalamiento de Josefina en torno 'no hay ni habrá vuelta atrás' y a que no existen soluciones mágicas cuando la fuerza de la organización sindical es desmesurada frete a la que puedan tener autoridades locales y se imponen los intereses que defienden los derechos de los "trabajadores" de la educación frente a sus obligaciones y sus responsabilidades a pesar de la evaluación y vigilancia de las madres y padres de familia, pues Vázquez no señala dice ni el cómo ni el que se hará para, a pesar del auxilio de las madres, castigar a quienes incumplan con lo firmado.
Impresiona la seguridad de Elba Esther, la misma mostrada ante Carlos Salinas de Gortari al firmar el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, con la que la dueña de la organización obtiene mayores beneficios para ella y para sus agremiados a cambio de promesas reiteradas con anterioridad y como insistentemente repite lo que ya ha señalado con antelación, que ahora si con la firma del acuerdo los trabajadores de la educación, partes del sistema educativo nacional, lograran de la excelencia educativa.
Sin duda alguna, un acuerdo de a mentis que le cuesta al pueblo mexicano.

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