Maestro distinguido

Cartas a Gracia

In Memorian Arturo Santillana Santillana

Lamento, Gracia, que la carta que hoy te escribo no se refiera de manera central a las actividades atléticas que son parte de tu vida diaria, y aunque me comentas que asistirías al entrenamiento, que con la ultramaratonista Nahila Hernández se realizaría el día 7 de los corrientes en el parque México de la colonia Condesa de la Ciudad de México, convocada por empresa Adiddas a través de la página http://www.runmx.com/, quiero mediante estas líneas participarte el pesar que me produce el fallecimiento de Arturo Santillana Santillana, amigo muy querido a quien le debe el resto de mi existencia tras que en enero de 1979 me diagnosticara de manera temprana una enfermedad denominada Púrpura Trombositopénica Idepática Recesiva, “nombre científico” que con él se reconoce a los síntomas que provoca la falta de “plaquetas” en la sangre, elemento que permite la coagulación de la sangre. Resulta, Gracia, y con esto quiero contradecir a un dicho de Ardelio Vargas Fosado, secretario de Seguridad Pública del Estado de Puebla, cuando a raíz de una represión en el mercado de “la fayuca” señalara que los gases lacrimógenos utilizados eran inocuos, que ese aforismo, esgrimido por un personaje responsable por la represión de Atenco, es una gran mentira, Gracia, y eso lo sé porque el padecimiento que me detectó Arturo se derivó del uso que de estos “productos inofensivos” para dispersar una parada permanente realizada por el Sindicato Nacional de Productores de Tabaco, de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas en la glorieta de Chilpancingo, frente a la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos, hiciera por órdenes de don Jesús Reyes Heroles, entonces secretario de gobernación, el nada “heroico” cuerpo de granaderos del gobierno de la ciudad de México.

Conocí a Arturo en 1968 por conducto de Ernesto Santillana, Gracia, y a él por intermedio de René Santin Villavicencio, hermano de mi padre. Arturo, a la sazón Oficial Mayor de la Universidad Autónoma de Puebla, siempre fue, pues tuve el agrado, Gracia, de convivir con su núcleo familiar por varios años, a más de un extraordinario ser humano, gran esposo y amoroso padre, un luchador social a quien la historia oficial le ha escatimado muchos de sus logros. Campeón Internacional de Oratoria en los concursos organizados el periódico El Universal –sitio que comparte con Porfirio Muñoz Ledo–, representado a una institución que lo mismo le viera participar en los movimientos por la Autonomía y la Reforma Universitaria, que enfrentarse, incluso físicamente con lo más granado del Frente Universitario Anticomunista. Neurólogo de prosapia, Gracia, realiza durante muchos años, semana a semana, intervenciones quirúrgicas de manera altruista en el hospital Rubén Leñero –Cruz Verde–, participa de manera activa en el movimiento médico (1964–65) que reclamaba pagos pendientes y mejores condiciones para los médicos residentes, movimiento que concluye con una represión ordenada por Rafael Moreno Valle, secretario de Salud de la administración de Gustavo Díaz Ordaz. Adquiere notoriedad en su más temprana instancia al ganar, cursando el sexto año de primaria, para la escuela La Fragua, anécdota recordada por José Luis Velásquez Báez, el concurso anual de conocimientos patrocinado por la empresa Toficos al contestar una pregunta sobre cuántos kilómetros de distancia habría entre las ciudades de Nantes y París, dando el jurado como referencia el trecho en Toesas, asunto que requería primero conocer la equivalencia en metros de la medida francesa, su conversión primero a metros y después a kilómetros, cuestiones que denotaban, resalta el maestro Velásquez, a más de conocimientos, agilidad mental y una gran capacidad de razonamiento, características propias. Fui testigo, Gracia, de su pasión por la lectura, actividad a la que de manera disciplinada dedicara entre una y dos horas diaria y a la mediante el ejemplo, incitara a sus hijas y a su hijo y que reconociera que él había leído tantos libros de economía como los que yo estudiaba en la licenciatura, y eso que su profesión era la de médico neurólogo.

Maestro en el Instituto Normal del Estado en el que adicionalmente promoviera la oratoria, lo mismo que en la Escuela Secundaria Socialista Venustiano Carranza, en la Escuela de Medicina de la Universidad Autónoma de Puebla, en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México; fue declarado en su momento hijo predilecto de la ciudad mediante cédula real emitida por el cabildo del ayuntamiento del municipio de Puebla, documento que con la intención de que se lo entregase, Gracia, depositara en mis manos el propio maestro Velázquez. El de hijo predilecto fue un reconocimiento con el que también lo distinguiese la Escuela Venustiano Carranza mediante la intervención de Edilberto Mauléon Altieri.
Militante de un movimiento estudiantil y más tarde universitario, dio asilo en su casa y por varios meses al sonorense Luis Rivera Terrazas, personaje con quien años más tarde tuviese serias diferencias que concluirían con una acometida a la vivienda en la que residía en compañía de su familia. Miembro de la corriente Crítica del Partido Revolucionario Institucional (PRI), acompañó a Enrique González Pedrero en un movimiento que más tarde desembocaría en una de las fracciones del Partido Revolución Democrática (PRD), partido al cual no ingresó. Previamente a su definición política tuve la fortuna, gracias a su generosidad y mientras Arturo colaboraba con Juan Sabines, gobernador interino del estado de Chiapas, de que me presentase con Jaime Sabines, poeta de talla internacional, hermano y asesor de don Juan, con quien el mismo Arturo departiera, Gracia, asuntos profesionales realizados en sesiones en la casa de Carlos, otro hermano de los mencionados.
Y podría contar más, Gracia, sin embargo creo que son más los que conocen y más a fondo hechos adicionales a los que te referí. Hasta pronto.





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