Cartas a Gracia
Mientra termino de plantearte algunas cuestiones relacionadas con la estrategia que Elba Esther Gordillo Morales, presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) para lograr mejoras salariales y de prestaciones, Gracia, fenómeno al que actores del quehacer educativo caracterizan como la doble negociación y que dejé pendientes, por falta de espacio en la carta que te envié recientemente, quiero felicitarte por la decisión que tomaste para participar en el medio maratón que se correrá el próximo mes de julio para conmemorar el día del padre y que desarrollará entre Cholula y Puebla. La de ayer ni siquiera la comentamos, seguro fue sólo un buen entrenamiento. Lo mejor de ella, apostaría Gracia, fue la intención. Correr “con la mujer en contra de la violencia”, “promover la participación ciudadana”, fomentar la convivencia familiar.
La doble negociación salarial, cuestión de la que en carta anterior pediera tu opinión, Gracia, no sólo es improcedente jurídicamente para los trabajadores transferidos, pues su nuevo patrón, el gobierno de la entidad en la que residen, es el nuevo responsable de la relaciones laborales colectivas y es con él y no con las autoridades centrales de Secretaría de Educación Pública (SEP) federal, con quien trabajadoras y trabajadores de la educación deben dirimir diferendos, resolver entuertos, zanjar diferencias sobre incrementos en salarios y prestaciones y otras tantas cuestiones derivadas. Cierto es que aún existe una fracción de trabajadores que aún tienen una relación de trabajo subordinado con la Federación, que se han generado nuevos organismos públicos descentralizados de los gobiernos federal y estatal y que en ellos, la definición de la titularidad del contrato, depende, a más de los engorrosos trámites con las autoridades laborales, de una definición presupuestal que debe emanar de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.
Sin embargo, esta doble negociación salarial ha funcionado para los efectos planteados por la organización sindical y su liderazgo, Gracia. Con salarios anualizados superiores a los 750 días que tienen al borde de la quiebra económica al gobierno de Aguascalientes y un promedio nacional que se establece en alrededor de los 600 días de salario anualizado para muchas entidades de la Federación, incluida la de Puebla de Zaragoza; un tope mínimo de más de seis salarios mínimos para plaza inicial de 20 horas y con salarios que oscilan, dividiendo el total de percepciones entre 12 meses, en por lo menos 14 mil pesos mensuales para los trabajadoras y trabajadores de la educación con plaza inicial, para nadie es un secreto que existe un grueso número de trabajadoras y trabajadores de la educación homologados que perciben ingresos cercanos a los 40 mil pesos mensuales cuya labor consiste en entregar papeles y pasar visita oficina por oficina.
La estrategia era y es simple, Gracia, y fue generada, en una de sus vertientes, gracias al auxilio, colaboración y mala intención de autoridades federales. Estriba en tirar la bolita. Acordada la transferencia, las autoridades federales, en su carácter de patrón original y titular de las relaciones laborales otorgada mediante pacto político al SNTE (Acuerdo para la Modernización de la Educación Básica y sus posterior agregado de Normal) y “conforme a su facultad normativa” resolvieron continuar manejando centralmente la negociación salarial anual. De ella excluyeron y excluyen a los gobiernos de las entidades, con los agravantes de, incluso, ser “notificados” de los resultados por las propias secciones sindicales del SNTE y de pactar “salarios y prestaciones” que afectan de manera grave a las finanzas locales, pues éstas, Gracia, salarios y prestaciones, deben asumirse para trabajadoras y trabajadores al servicio de los sistemas educativos de los estados suscriptores del pacto federal.
La negociación central, Gracia, siempre genera, de manera real o instrumentada, demandas adicionales y para salir de ellas, y de las molestias que origina, incluidas entre ellas manifestaciones, bloqueo de calles y ocupación de instalaciones de dependencias públicas en el Distrito Federal, las autoridades centrales remiten, tiran la bolita como te escribía en el parágrafo anterior, a trabajadoras(es) institucionales y disidentes, a los lugares en los que tienen residencia laboral para “llegar acuerdos con las autoridades locales” bajo el formato de pliegos laborales en los que plantean y lo más grave logran, incrementos por sobre los pactados de manera central.
La negociación central, contraria a derecho y violatoria de establecido en el presupuesto de egresos (2002) pues obliga a los gobiernos de los estados a comprometer recursos por encima de su capacidad, viene acompañada de “minutas nacionales”, concernientes a la negociación que sostienen autoridades centrales con trabajadoras y trabajadores que dependen de ellos directamente (Distrito Federal, subsistema de educación media superior) en las que llegan a acuerdos, como por ejemplo la exención del pago del impuesto sobre la renta de los trabajadores(as), que desconocen para los estados pero que por minutas y usos y costumbres deben asumir las finanzas de los gobiernos locales Gracia.
Los abusos sindicales, Gracia, y esa estrategia sindicoinstitucional a la que me refiero al inicio de la carta que te escribo, tiene una vertiente estrictamente sindical. O bien el SNTE aprovecha la inconformidad expresada por las fracciones magisteriales nucleados en torno a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, como sucediera la semana pasada con las opiniones vertidas por miembros de la disidencia magisterial poblana, o bien quieren cobrarse los apoyos políticos con pagos con cargo al presupuesto (Eric Lara y Cirilo Salas), utilizando, además, un petate de muerto con el argumento de quitar banderas a la disidencia, para obtener prestaciones adicionales que se extienden a todos los trabajadores y trabajadoras de la educación y que en muchas ocasiones carecen de soporte financiero.
Todo un entuerto, Gracia; quedo en espera de tu contestación.
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