Ellos las y los engordan

Gracia, con mucho agrado me enteré de tu paseo por Teotihuacan, justo cuando se anunciara el descubrimiento de un pasadizo que conduce a una nueva galería que permitirá una reinterpretación de la historia de los pueblos mesoamericanos. Coincidente con tu visita a este centro ceremonial, debo comentarte que, también, en medios, se recrudeció el debate sobre si debe o no permitirse el consumo de alimentos chatarra en las más de 210 mil escuelas públicas de educación básica, a grado tal que no pocos especialistas hablan de un fracaso mas de la autoridades educativas y sanitarias federales.

Tibia y timorata, Gracia, mediática, la intervención original de Alonso Lujambio Irazábal, secretario de Educación Pública (SEP) que impulsara un acuerdo emanado del Consejo Nacional de Autoridades Educativas (Conaedu) para combatir la obesidad infantil –desde las instituciones educativas–, tomado a instancias de José Fernando González Sánchez, subsecretario de Educación Básica del organismo rector del sector educativo, pronto involucró en el tema a José Ángel Córdova Villalobos, secretario de Salud de la administración de Felipe Calderón Hinojosa. Juntos emitieron los Lineamientos Generales para el expendio o Distribución de Alimentos y Bebidas en los establecimientos de Consumo Escolar de los Planteles de Educación Básica que provocaron reacciones de beneplácito por parte de madres y padres de familia, especialistas en salud y rechazo por parte de los industriales productores de alimentos chatarra y de sus cámaras de representantes y cuestionamientos favorables a las transnacionales por parte del Consejo Federal de Mejora Regulatoria (Cofemer), órgano desconcentrado de la Secretaría de Economía creado para “garantizar la transparencia en la elaboración y aplicación de las regulaciones, y que éstas generen beneficios mayores a sus costos para la sociedad”.

Imagina Gracia a un grupo de ilustres mentecatos defendiendo lo indefendible, a encargados de despacho de la administración federal reculando en sus propuestas, posponiéndolas y aceptando las presiones de las empresas transnacionales agroalimentarias para que gradualmente se reinventen y produzcan alimentos sanos y nutritivos, de bajo contenido calórico y con poca sal. Como si no existiera Gracia, toda una red de complicidades en las que participan grandes empresarios del ramo alimenticio, medios masivos de comunicación, autoridades complacientes, cuya finalidad es la de generar y/o permitir políticas que induzcan al consumo de alimentos chatarra.

Producto de una crisis multifactorial como lo señala un comunicado de la SEP (http://www.sep.gob.mx/wb/sep1/C1300810), de la ingesta de comida chatarra, calificada así por expertos Gracia, que adjetivan como tal a los alimentos que contienen altos niveles de grasas saturadas, sal, azúcar y aditivos que generan, como cualquier otra droga, adicción fundamentalmente en niñas, niños y adolescentes, de la vida sedentaria provocada por la disminución de espacios públicos para la práctica del deporte y del esparcimiento, del incremento del tránsito vehicular y de la inseguridad que impiden el uso de calles para la práctica de la otrora tradicional cascarita, el trompo, el yoyo y las canicas, de la falta de espacios para jugar y del uso y abuso de la televisión, las computadoras y los videojuegos, de una mayor ingesta que del consumo de calorías, la obesidad, la gordura, se ha convertido Gracia, en uno de los males del México moderno, que engendran a su vez males mayores asociados a una pandemia que afecta a uno de cada cuatro niñas y niños, a dos de cada cuatro adolescentes y a tres de cada cuatro adultos.

Y si bien es cierto que la responsabilidad de autoridades educativas, personal directivo de la instituciones escolares, trabajadoras y trabajadores de la educación en la proliferación de esta pandemia es proporcional al tiempo que pasan las y los escolapios bajo su resguardo, también lo es Gracia, que ésta se incrementa en razón de que las tiendas y las cooperativas y lo que en ellas se expende recaen únicamente en la autorización del personal directivo de las escuelas con las que, estos changarros algunos verdaderos establecimientos mercantiles, llegan a acuerdos sobre la renta que habrán de entregar por un lado, a las instituciones y a quienes les autorizan la concesión por otro. Estos negocios Gracia por lo general, no cuentan con las respectivas licencias de uso de suelo y funcionamiento propios de cualquier establecimiento mercantil, carecen de las correspondientes licencias sanitarias, no están dadas de alta ante el Sistema de Administración Tributaria y por lo tanto no pagan los impuestos correspondientes y obvio, no registran a sus trabajadores ente el Instituto Mexicano del Seguro Social. Adicionalmente y para nadie de quienes tienen relación con las instituciones educativas es un secreto, Gracia, que los acuerdos a los que llegan, representantes de los negocios de engorda transnacionales y directoras(es) de los planteles escolares permiten el mantenimiento total y/o parcial de los edificios escolares, o el pago del teléfono y luz, festejos del día del maestro y las bebidas que se consumen en las celebraciones del día del estudiante.

Pero como señalaban algunas madres y padres de familia, ellos las y los engordan y nosotros pagamos las consecuencias. Hasta otra carta Gracia pues tenemos mucho que comentar sobre temas educativos.

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