INCONGRUENCIAS ENTRE TRABAJADORES DE LA EDUCACIÓN


Maestros.

Cartas a Gracia.
Me da gusto tener noticias tuyas. Hace más de dos semanas que disfrutas de Ciudad Universitaria; el único territorio libre de América Latina –rezaba una consigna en el auditorio Ho Chi Min- y que con clases, me cuentas, celebraste el octogésimo cuarto aniversario de la Constitución, tu primer travesía al centro de la otrora hermosa "ciudad de los palacios" y la compra de esa moneda conmemorativa con la efigie del Cervantes reproducción del gravado de Posadas, regalo para celebrar el día del amor y la amistad, tu primer visita al centro de Coyoacan sufriendo las de obras imagen urbana que impidieron llegaras a la librería del Sótano, las tres horas de deleite a bordo del Puma bus para ir y venir de la Facultad de Derecho al Instituto de Investigaciones Jurídicas, el disfrute de tus comidas en el café orgánico -cerca de la que otrora fuese la librería Salvador Allende-, la asignación de tu tutor quien por cierto me cuentas es responsable del doctorado de la propia facultad, otrora semillero de funcionarios públicos cuyas posiciones son ocupadas hoy por quienes egresan de instituciones particulares empezando por Felipe Calderón, y quien por cierto con grado de Doctor, ocupa una plaza de profesor investigador asociado tiempo completo "C" según reseña su curriculum disponible para consulta en Internet. Sucede lo mismo con nuestro amigo Humberto, quien a más de poseer una prolífica vida aderezada por el ajedrez, cuenta con el grado de doctor obtenido en la Sorbona de Paris, varias maestrías y licenciaturas, miembro del Sistema Nacional de Investigadores y quien a además, es responsable de una de las maestrías que ofrece la Universidad Autónoma de Puebla. Los dos son ejemplo de superación académica no retribuida por quienes les emplean y como ellos muchos, muchos académicos más.
Resaltan de inmediato la incongruencias entre quienes aparentemente iguales -trabajadores de la educación al servicio de la universidades públicas y trabajadores de la educación al servicio de las secretarías de educación pública de la federación y de las entidades-, son tratados de manera desigual, con criterios diferenciados y favorecedores de los segundos por los designios de quienes amos de horca y cuchillo, representan en las secciones sindicales intereses de la poderosa dueña del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Conocidos pomposamente como "los homologados" en clara referencia al movimiento realizado en los años 80s por dirigentes del SNTE y que se realizace con la finalidad de lograr la homologación de salario y prestaciones entre quienes laboraban al servicio del Estado con los que lo hacían en la universidad y el politécnico nacional, pronto rebasaron a quienes durante mucho tiempo consideraron privilegiados por las gratificaciones económicas que obtenían. Homologados en salarios pero no en requisitos académicos para obtenerlos pronto los criterios para la asignación de plazas y categorías quedaron al arbitrio de las comisiones mixtas y de los líderes sindicales que las asignaron de tal forma que un sin número de trabajadores de la educación sin grado académico alguno, ostentan y detentan plazas de profesores investigadores titulares tiempo completo A-B-C-D- o E cuya retribución es mayor a la de los 530 días anualizados.
Ajenos a las simulaciones, la gran mayoría de los académicos universitarios no disponen de los recursos que se encuentran alcance de sus homólogos estatales quienes simulaciones y corrupción de por medio –negociaciones sindicales- obtienen salarios superiores a los 30 mil pesos mensuales sin tener mayores meritos que quienes se desempeñan en muchos de los organizamos públicos descentralizados de nuestro país.
Ellos, los universitarios, deberían saber que los que se encuentran al servicio del Estado, pueden sin mayor gloria ni esfuerzo, comprar una plaza a los dirigentes del SNTE en turno, emparentar con Dinorah García, Tavito Espinosa o Jorge Rodríguez y contar con la solidaridad de un gremio –el SNTE- que se destaca por favorecer todo menos los valores
Valdría la pena ahora que Calderón y la encargada del despacho educativo manifiestan la intención de reformar al sistema educativo, que las autoridades educativas fijaran criterios, reglas claras y transparentes que evitaran la disparidad en las percepciones entre quienes trabajadores universitarios y servidores públicos, aspiran a mejores condiciones de vida y enfrentan criterios más o menos rígidos para ser reconocidos socialmente. Valdría la pena realizar una auditoría que fincara responsabilidades a quienes han asignados remuneraciones a quienes carecen de todo derecho para recibirlas incluidos parientes y quienes han comprado las plazas que ahora ocupan.

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