El descanso anhelado

25 marzo 2007
Caminaba cansado, la misma rutina desde hace años y aunque lo merecía no podía aceptarlo. Con atención seguía el curso de las noticias, no participaba de la política pero seguía con interés el rumbo de los acontecimientos. Había visto de todo, al fin y al cabo era miembro de la organización desde hace mas de cincuenta años y aunque de lejos, había tenido noticias de Olmos, Jonguitud, Mirando, Toño Jaimes, la guera esa que literalmente había escalado posiciones desde la planta baja hasta el tercer edificio de las calles de Venezuela, ese que había sido tomado en los 70,s a sangre y fuego por maestros llegados de todos los rumbos de la República.Recordaba, todavía, algunos pasajes de su vida, la asignación de su primer plaza en un poblado de Tlalpujahua, Michoacán, cerca del Oro, Estado de México, por allá de Atlacomulco, lugar del que emergiera una leyenda y una historia, la de un maestro de banquillo que fuera gobernador y aspirara a la presidencia de la República, lo penoso de la travesía, la hospitalidad de los lugareños, los mas de seis meses sin recibir paga alguna y sus visitas a la calle de Corregidora, por un costado de Palacio Nacional, para recibir la misma respuesta; aún no hay nada pero no se desespere Profe, que total, le llegará junto y vera como es buena paga. No recuerda a qué santo se encomendó pero de repente se encontraba asignado a una escuela rural de Dimas López, Olintla, por el rumbo de Cuetzalan, las crecidas del río que impedía cumplir con el sueño de departir con los suyos, los esfuerzos y los regalitos a Blanquita parece que se llamaba, la secre de la SEP (dependencia que antes se llamaba dirección general de educación o servicios coordinados de educación y quien sabe que otros tantos apelativos) que intervenía para facilitar su cambio pero que lo hacía por la amistad granjeada por los obsequios y no por mucho dinero como se estila ahora. Fue tardado, año tras año, regalo tras regalo, las garzas de Cuetzalan que adornaban el patio de la casa de su padre construida en Pueblo Nuevo con lo que quedaba de los aguinaldos, sus hijos que habían crecido casi sin su figura pero con la esperanza de verlo en cada época de vacaciones, en las que de manera puntual regresaba a la casa de la familia; hasta que por fin pudo establecerse en una escuela en la cercana Atlixco: Que poco significaba el tener aunque ya cansado, que trasladarse a sólo hora y media por la carretera federal y que ahora esta a tiro de piedra por la súper y finalmente su añorado espacio en la ciudad de Puebla, después de tantos, tantos años, que ni siquiera atinaba cuantos.Por eso le provocaba una sonrisa con sorna la discusión sobre la reforma a la ley del ISSSTE, la jubilación que modificaba los años en los que los mentores podrían tramitar el anhelado descanso, pero no, que importaba si a diferencia de los maestros del Estado de Veracruz, los de origen estatal, deberían continuar trabajado hasta que la muerte los pillara con mas años de servicio que los que podría su memoria recordar. Si jubilarse significaba literalmente morirse de hambre y por eso era que como la mayoría de sus compañeros, los viejos que cada año disminuían en número y a los que veía cada 5 en los festivales del día del maestro, seguiría trabajando por que la pensión mínima garantizada era y con todo menor a lo que recibiría se jubilara y tuviera sólo derecho a una pensión equivalente al concepto 007 de su cheque.Caminaba cansado, la misma rutina desde hace años y aunque lo merecía no podía aceptarlo.

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